El cierre de una galería en San Isidro donde se exhibían santos peruanos en ropa interior es un acto que nos debería invitar a reflexionar sobre la dificultad que tenemos para manejar nuestras discrepancias. Si bien es cierto que tales imágenes puedan resultar de muy mal gusto, llama la atención que se quiera cerrar el local—justo ahora—por irregularidades administrativas.
Este hecho--al igual que el intento de encarcelar a una vedette por posar calata sobre la bandera peruana en un caballo--son síntomas de una triste realidad en el Perú: nos cuesta escuchar y dialogar. Cuando nos mueven el piso, el reflejo es silenciar. Así, ante las opiniones incómodas de algunos los mandamos a la cárcel; cuando el arte de alguien nos desagrada, mandamos a que las autoridades “investiguen” a nuestro ofensor.
Nuestra relación con la libertad de expresión es, en el mejor de los casos, ambivalente. Nos cuesta entender que, justamente, este principio es el que fortalece ese “espacio de contención”, como decía el psicoanalista Winnicott, que tanto necesitamos los peruanos para aprender a debatir y gestionar nuestros conflictos a partir de las ideas y del debate.
Hechos como el cierre de la galería Vértice y tantos otros donde silenciamos a los que nos incomodan hacen que sigamos evitando responder a preguntas fundamentales que nos toca enfrentar para crear un país más justo y más libre: ¿Podemos convivir con personas cuyos valores o estilos de vida no concuerdan con los nuestros? ¿Podemos los peruanos tolerar la diversidad de opiniones para que los combates se den en el campo de ideas y que no pasen al conflicto social? ¿Podemos los peruanos encaminarnos a crear una sociedad tolerante de ideas que refleje la diversidad--social, cultural, sexual, religiosa, etc--de nuestro pueblo?
Silenciar es lo más fácil, escuchar requiere coraje y grandeza. En ese sentido, y--así como otros países han hecho frente a temas tan delicados como lidiar con las caricaturas del Profeta Mahoma en países donde hay una comunidad musulmana importante, o la negación del Holocausto en sociedades donde hay muchos judíos--los peruanos debemos escuchar a los que arremeten en contra de lo que más valoramos para que con la misma libertad que le damos a nuestros detractores, tengamos la capacidad de defender nuestros principios y nuestras ideas. Solo con esa garantía moral y jurídica podremos hacer frente a los artistas, los periodistas, los escritores, las vedettes o cualquier otra persona que atente contra lo que más valoramos. Para ello debemos convertir los canales de televisión, los periódicos, así como las galerías de arte y las bibliotecas en espacios donde, inclusive, las opiniones más incómodas se puedan ventilar.
Stefan Reich
Lima, Noviembre 2008
Tuesday, November 11, 2008
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